Mientras ciudades de Estados Unidos, Europa y Asia avanzan hacia la madurez y el dinamismo de Silicon Valley, esa meta todavía queda lejos para las de Latinoamérica, aunque empiezan a sonar como focos de emprendimiento Sao Paulo, Santiago de Chile, Buenos Aires, Ciudad de México, Bogotá y Medellín. “Desde 2009, se han invertido más de 12.000 millones de dólares en 1.800 operaciones para empresas tecnológicas de América Latina y el Caribe. El año pasado marcó un récord para la región, con las empresas de tecnología que recaudaron más de 5.000 millones de dólares en más de 360 acuerdos”, señala CB Insights.

El problema en esta región del continente americano es que “no hay tanta inversión ni tampoco tanto talento, no porque la gente no tenga talento sino entendido como gente sin las habilidades correctas. Allí la escasez de programadores no da para cubrir todo lo que se quisiera hacer. Hay pocos ingenieros de software con la capacidad para meterse en el mundo emprendedor. Aunque quieras hacer una startup no encuentras de primeras ni el dinero ni ingenieros, como son tan pocos les tienes que pagar mucho y ese dinero no lo tienes al empezar, impide el poder arrancar bien”, explica Rosa Jiménez Cano.

Pese a la falta de acceso a fondo semilla para brotar, el fondo de innovación del gigante japonés SoftBank para América Latina se está “convirtiendo en una gran inyección para empresas emergentes, pero para fases más tardías. Pero hasta que eres interesante para un fondo de estos… Es muy difícil, son muy pocos los que llegan. Para que alguien te dé como mínimo 10 millones, debes tener un producto consolidado, no sé cuánta gente, haber conseguido unos hitos… y lo difícil es llegar a ese punto en el que puedas ser apetecible”, señala Rosa Jiménez Cano.

El respaldo financiero es aún más limitado para las mujeres de Latinoamérica (solo acceden al capital el 1 % frente al 7% de los hombres). Aunque las barreras para iniciar un negocio sean las mismas, ellas se ven en la tesitura de conciliar las responsabilidades familiares y domésticas que los roles de género tradicionales continúan asignándoles. Y tienen menos probabilidades de conseguir capacitación y servicios de desarrollo empresarial, entre otros obstáculos. Aún así, ellas lideran el emprendimiento en fintech, con cinco veces más empresas emergentes de este tipo fundadas por mujeres que el promedio mundial del 7%.

“Se está haciendo un esfuerzo en el emprendimiento de las mujeres en Latinoamérica. De hecho, hay una chica muy interesante, Pamela Esteva, fundadora de la empresa de audiolibros Beek, que fue la primera mexicana que entró en YCombinator, que es la aceleradora más deseada, todas las startups quieren pasar por ahí. En general, todo el que tiene dinero para emprender es porque lo tenía previamente o tiene los contactos o sabe llegar ahí, pero no está tan democratizado como en otros lugares”, afirma Rosa Jiménez Cano.

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