• Publicado por MASISALAB el lunes 14 de septiembre del 2020
  • Para el líder del área de Venture Partnerships de Wayra,  el Hub de Innovación Abierta de Telefónica, el Corporate Venture Capital (CVC) en Chile y Latinoamérica aún está en pañales, sobre todo si nos comparamos con EE.UU. u otros países más desarrollados. En esta entrevista quisimos conocer su mirada como uno de los impulsores del Informe Corporate Venturing Latam 2020 y sus recomendaciones para definitivamente dar un salto en esta tendencia.

    El Corporate Venture Capital (CVC) — colaboración entre empresas establecidas y start-ups innovadoras— es una tendencia que se ha cuadruplicado en el mundo durante los últimos siete años. Sin embargo, Latinoamérica aún está en deuda en esta materia. Pero, ¿qué tan grande es la brecha que nos separa del resto de sus países? Eso es precisamente lo que quiso dar a conocer el Informe Corporate Venturing Latam 2020, desarrollado por Wayra e IESE Business School en colaboración con Corfo, el cual brinda información relevante sobre la colaboración de las empresas más grandes de la Región con las startups.

    Lo primero es resaltar que el informe encontró 460 iniciativas dirigidas por 184 filiales corporativas en 19 ciudades latinoamericanas. Aunque el nivel de adopción promedio en la región es del 16%, considerando los diferentes mecanismos de corporate venturing, este porcentaje está todavía muy lejos del nivel de adopción que aparece en la lista de empresas Fortune 100.

    Es decir, aún nos queda mucho por avanzar y aprender de lo que están haciendo otros países. Pero ¿cómo hacerlo? ¿se puede acelerar un proceso que depende tanto de otros? ¿Por qué las empresas deberían apostar por este camino? ¿Qué mecanismos son los más recomendables? De todo esto quisimos conversar con Sebastián González, Head of Venture Partnerships de Wayra, quien participó de la elaboración de este informe y además posee una vasta experiencia en el hub de innovación abierta de Telefónica.

    De las principales conclusiones del Informe Corporate Venturing Latam, ¿cuál fue la que más llamó tu atención?

    Definitivamente que aún la tasa de adopción de las grandes empresas en América Latina es demasiado baja: del total de grandes empresas que hay en la región, un 16% tiene iniciativas de vinculación con startups, y si lo miramos solo desde el punto de vista de iniciativas de inversión, ese número cae al 6%. En EE.UU esto último equivale al 75%. Es decir, la brecha es gigante. La primera gran conclusión entonces es que es un fenómeno presente, pero aún muy emergente y tiene mucho por mejorar.

     

    ¿Cómo crees que se podría acelerar este proceso y qué desafíos/oportunidades conlleva?

    Este proceso claramente se ha visto acelerado por la pandemia, principalmente porque las empresas que han experimentado un proceso de transformación, ya sea vía digitalización,  creación de nuevas líneas de negocios o generación de eficiencias, y quieren hacerlo más rápido, la única opción que tienen es hacerlo con startups, porque los procesos de desarrollo de productos hacia la innovación interna aún no son lo suficientemente rápidos para crear una dinámica de adaptación que sea adecuada. Estamos hablando que en promedio una empresa se demora alrededor de dos años en lanzar un nuevo producto y hoy día lo que necesitan es hacerlo en dos meses, lo que las ha obligado a mirar hacia afuera en busca de otros actores o startups que contribuyan en ese proceso.


    Y entre empresas que están apostando por el CVC en América Latina ¿Cuáles son los mecanismos más frecuentes aplicados para implementar esta práctica?

    Lo que estamos viendo mucho son todavía mecanismos de bajo impacto, es decir, concursos de innovación o hackatones. Solo algunas empresas han estado creando aceleradoras corporativas o fondos de inversión. El gran desafío es que los mecanismos sean un poco más sofisticados e incluyan desarrollo de negocios e inversión. Todavía se echa de menos ver a grandes empresas comprando startups o apostando por el CVC.

     

    De acuerdo a tu experiencia y conocimiento en la materia, ¿cómo calificarías el desempeño de Chile en esta materia en comparación con el resto de los países de la región?

     

    Si bien Chile tiene un número interesante de empresas haciendo esto, en general tiene una baja sofisticación en los mecanismos que está utilizando. Al revés de lo que ocurre en Brasil,  México y Colombia, que son los países donde más iniciativas de innovación abierta existen a nivel latinoamericano y con mayor sofisticación. En Chile el gran desafío es que las grandes empresas de origen nacional -no multinacionales- empiecen con mucha más fuerza a apostar por este camino.


    ¿Qué iniciativas de empresas destacarías por su impacto y relevancia dentro de la región?

    Empresas como Bimbo y Cemex en México, Credicorp en Perú, Sura en Colombia, Mercado Libre en Argentina, Consorcio en Chile. Solo por mencionar iniciativas que son locales. El caso de MASISA también es bien interesante, ya que a pesar de estar inserta en una industria muy tradicional, decide apostar por una transformación de la mano de MASISA Lab. 

    ¿Cómo proyectas la evolución del corporate venture capital de la región para los próximos 5 años?

    En los próximos 5 años esto solo debería crecer. La pregunta es entonces ¿hacia dónde debería crecer? Ahí pienso que el principal foco debería ser la industria local o las industrias donde América Latina ha sido fuerte en términos económicos en los últimos 20-30 años. Con esto me refiero a la industria de la construcción, forestal, agro industria, alimentos, retail y financiero, es decir, industrias más tradicionales y no solo aquellas más tecnológicas.

    ¿Qué recomendaciones les darías a las empresas de la región para que se atrevan a sumarse a esta tendencia o a acelerarla?

    La principal recomendación es adoptar este tipo de herramientas con una mirada de impacto en el negocio. Trabajar con startups no puede ser con un objetivo de marketing o RSE, porque si al final del día el trabajo que hacen con startups no impacta al negocio, es un programa que está condenado al fracaso. En segundo lugar, que creen unidades que tengan cierta autonomía e independencia para operar con flexibilidad, ya que la innovación se mueve permanentemente en la incertidumbre y necesita contar con una alta capacidad de adaptación. Y por último, crear equipos multidisciplinarios que combinen experiencia corporativa con experiencia emprendedora, dado que no es bueno tener solo un tipo de perfil de profesionales y es muy virtuoso mezclar ambos mundos.

    Desde el punto de vista de las startups, ¿qué les recomendarías a la hora de acudir a una empresa como socia?

    De cara a los emprendedores, lo primero que les recomendaría es buscar empresas que ya tengan programas formales de trabajo con startups y aprovechar eso como vehículo de acceso a las compañías. Lo segundo es que entiendan muy bien cuál es su propuesta de valor para una alianza con esa organización. Eso evidentemente requiere de un trabajo de investigación por parte del emprendedor: saber bien qué está haciendo la empresa en cuestión, sus inversiones, sus focos de negocio, el estado de su industria en Chile y el mundo, etc. Una vez investigado el panorama completo, el emprendedor va a tener mucho más claro qué ofrecer y dónde pueden estar las sinergias.

    Ver Informe Corporate Venturing Latam 2020 completo acá

     

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